En el contexto político contemporáneo español y europeo, el debate sobre políticas relacionadas con la comunidad musulmana —como la prohibición del burka o el niqab en espacios públicos— ha adquirido relevancia no solo desde la óptica de derechos y libertades, sino también en clave electoral por la importancia creciente del voto musulmán. En distintos medios en los que he intervenido, he señalado cómo determinadas posiciones políticas pueden responder a dinámicas de búsqueda de apoyo electoral por parte de sectores vinculados al voto musulmán, sobre todo en un momento de fragmentación y competencia intensa entre partidos de izquierda.
Debate político en España y mi análisis
Recientemente, en España se ha producido un intenso debate parlamentario sobre la prohibición del uso del burka y el niqab (prendas que cubren parcialmente o totalmente el rostro de algunas mujeres musulmanas). La iniciativa de prohibición promovida por formaciones como VOX y replicada en parte por el Partido Popular fue rechazada en el Congreso, enfrentando críticas y justificaciones diversas del resto de partidos de izquierda, todas ellas no solo absurdas sino aberrantes para los derechos de las mujeres, donde se justifican las cárceles de tela como libertad para las mujeres por parte de la izquierda.
A este debate he respondido señalando que la defensa o el rechazo de estas propuestas por parte de la izquierda está motivada por el cálculo electoral y no por una argumentación coherente sobre derechos y libertades. En declaraciones a medios, he afirmado que algunas posiciones de la izquierda en torno al burka obedecen a un intento de captar el voto musulmán ante la pérdida de apoyos entre otros grupos sociales (mujeres y jóvenes), sin importarles vulnerar los derechos de las mujeres y hacerlas prisioneras del yugo de los hombres musulmanes y del régimen/religión de control islamista.
Desde la perspectiva jurídica que defiendo, la libertad religiosa es un derecho fundamental, pero no absoluto, y debe ponderarse frente a otros derechos constitucionales, como la libertad, la igualdad y la dignidad de las personas, que no pueden ser vaciados de contenido ni permitirse que los derechos de las mujeres y niñas sean pisoteados al ser sometidas a prácticas que institucionalicen su invisibilización. Todo ello debe articularse conforme al artículo 9.2 de la Constitución Española, que establece: “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud”.
Este mandato constitucional exige no solo la protección formal de derechos, sino su garantía efectiva, evitando que prácticas religiosas o culturales se conviertan en barreras a la igualdad y a la libertad real de las mujeres y niñas.
El fenómeno del “voto musulmán” en Europa
La cuestión de la relación entre políticas públicas y el voto de ciudadanos musulmanes no es exclusiva de España. Investigaciones académicas en Europa confirman que existe una tendencia significativa de los votantes musulmanes a apoyar partidos de izquierda, incluso en contextos de discriminación o percepción de exclusión social. Un estudio publicado en Politics and Governance indica que en varios países de Europa occidental el porcentaje de musulmanes que votan por partidos de izquierdas supera con creces al de no musulmanes, y que esta conducta está asociada con concesiones y al hecho de que los partidos de izquierda ceden a sus intereses frente a políticas de defensa de derechos, a pesar de ir en contra de los sistemas democráticos de libertades y derechos.
El voto étnico en toda Europa: pic.twitter.com/RBouKZ5HcI
— Wall Street Wolverine (@wallstwolverine) February 22, 2026
En países como el Reino Unido o Francia, encuestas históricas muestran un apoyo mayoritario de votantes musulmanes hacia formaciones socialdemócratas o socialistas, por afinidades programáticas y cesiones a prácticas que no tienen cabida en los sistemas democráticos, a pesar de la crítica de los partidos conservadores o de derecha. Estos patrones nos confirman la existencia de un perfil de voto que, sin cuestionar los principios democráticos, responde a la percepción de trato político y social por parte de los principales actores del sistema.
Concesiones políticas, cálculo electoral y derechos fundamentales
El fenómeno descrito —de partidos ajustando sus posiciones para captar el voto de sectores concretos— se enmarca en un contexto más amplio de competencia electoral que la izquierda democrática enfrenta en lo que la izquierda ha denominado sociedades multiculturalizadas. Por una parte, la dinámica de partidos requiere atraer apoyos en un electorado diversificado, por otra, la deliberación sobre derechos y libertades religiosas frente a otros principios constitucionales (como la igualdad de sexos y la libertad) plantea desafíos normativos complejos.
En este sentido, el uso de reivindicaciones culturales o religiosas con fines electoralistas profundiza tensiones sociales y debilita la protección de derechos individuales, que son vulnerados cuando se prioriza la estrategia sobre los derechos. Las concesiones políticas en aras de ganar apoyos específicos, sin una base jurídica sólida, se convierten en instrumentos que erosionan la cohesión social y la confianza en el sistema democrático.
En España, el rechazo parlamentario a la prohibición del burka, desde una óptica jurídico-política, plantea un debate sobre la orientación normativa de las políticas públicas: si deben priorizar la protección de derechos fundamentales de todos los ciudadanos o si deben adaptarse a estrategias destinadas a captar apoyos de grupos específicos. Estas tensiones también se reproducen en otros países europeos donde el voto musulmán representa un factor cada vez más visible en las estrategias de campaña y en las decisiones legislativas, a pesar de la degradación que implica para nuestras democracias.
En este debate mi posición es clara: no solo en el debate sobre el burka en España en términos de derechos fundamentales, sino que la conecta con una tendencia más amplia en Europa donde la identidad religiosa musulmana influye en las preferencias electorales y en las estrategias de los partidos sin valorar los peligros para nuestra civilización, cultura y democracia.
Este enfoque permite analizar cómo, más allá de los argumentos jurídicos o constitucionales, los cálculos electorales condicionan la toma de decisiones políticas en temas que no son defendibles en los sistemas democráticos.

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