El 8 de marzo (8M) Día Internacional de la Mujer no debe convertirse en una fecha vacía, ritual o propagandística. Debe seguir siendo una jornada de conciencia, memoria y exigencia. Porque, pese a los avances logrados, las mujeres seguimos necesitando una defensa firme de nuestra libertad, de nuestra dignidad y de nuestra igualdad real con los hombres. Y lo afirmo desde una convicción personal y jurídica: como defensora de los derechos de las mujeres y de los menores, sé bien que aún queda mucho camino por recorrer en España y fuera de ella. Esa línea de trabajo forma parte central de mi trayectoria investigadora y divulgativa.
Hoy resulta necesario reivindicar un feminismo real: un feminismo centrado en la igualdad ante la ley, en la protección efectiva de las víctimas, en la defensa de la seguridad, la libertad y la dignidad de las mujeres. Un feminismo que no se distraiga en consignas, que no sustituya la realidad por la propaganda y que no utilice a las mujeres como pretexto ideológico o como clientela política.
Frente a ello, se ha consolidado en demasiados espacios un feminismo institucional subvencionado, más preocupado por blindar discursos oficiales que por afrontar con rigor los problemas reales que sufren las mujeres. Ese feminismo ha fracasado cuando ha impulsado o amparado normas cuyas consecuencias han sido gravísimas. El ejemplo más evidente fue la aplicación inicial de la Ley Orgánica 10/2022, la conocida ley del “solo sí es sí”, que, según datos del Consejo General del Poder Judicial, provocó al menos 1.233 reducciones de pena y 126 excarcelaciones hasta noviembre de 2023. (Poder Judicial)
Tampoco puede ignorarse que los delitos contra la libertad sexual siguen siendo una preocupación objetiva. El Ministerio del Interior señala en su Balance de Criminalidad del cuarto trimestre de 2025 que los delitos contra la libertad sexual con penetración crecieron un 2,8 % respecto a 2024; en el balance de 2024, el aumento del conjunto de delitos contra la libertad sexual fue del 5,7 % sobre 2023. (Ministerio del Interior) No basta, por tanto, con proclamar compromisos institucionales: hay que evaluar resultados y corregir errores con honestidad.
En esta misma línea, hoy resulta imprescindible denunciar la incoherencia de ciertos discursos que dicen defender a las mujeres mientras relativizan símbolos o prácticas que, en muchas partes del mundo, representan sometimiento. En el artículo que hoy publico en El Diario de Madrid, Feminismo trans de burka, sostengo que el feminismo no puede callar ante “formas reales de opresión femenina” ni aceptar que la igualdad se sacrifique por conveniencia ideológica. Allí defiendo también que la libertad, la igualdad ante la ley y la dignidad personal exigen coherencia, y que los derechos de las mujeres no deben diluirse ni bajo un “burka cultural” ni bajo un “burka ideológico”.
Ese planteamiento conecta con una idea esencial: el feminismo digno de tal nombre no puede ser selectivo. No puede indignarse ante unas opresiones y guardar silencio ante otras. No puede reclamar protección para la mujer en abstracto y, al mismo tiempo, tolerar marcos culturales, jurídicos o políticos que la subordinan. La igualdad no admite excepciones de conveniencia. Y menos aún cuando esas excepciones afectan precisamente a las mujeres más vulnerables.
Por qué se celebra hoy el Día Internacional de la Mujer
El 8 de marzo tiene una historia concreta, seria y bien documentada. Su origen se encuentra en las movilizaciones de mujeres trabajadoras y en las reivindicaciones por el sufragio, mejores condiciones laborales y la igualdad de derechos a comienzos del siglo XX. En 1910, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague, Clara Zetkin propuso instituir una jornada internacional de reivindicación de los derechos de las mujeres. (igualdad.gob.es)
La elección del 8 de marzo quedó vinculada después a las protestas de las mujeres rusas de 1917, cuando una huelga de trabajadoras reclamando “pan y paz” marcó un hito en la historia social y política contemporánea. Décadas más tarde, Naciones Unidas empezó a conmemorar oficialmente esta jornada en 1975, Año Internacional de la Mujer, y la Asamblea General la consolidó en 1977 invitando a los Estados a reconocer un día dedicado a los derechos de las mujeres y a la paz internacional. (Naciones Unidas)
Por eso el 8M no nació como una celebración superficial, sino como una jornada de reivindicación de derechos, justicia y dignidad. Conviene recordarlo hoy, precisamente cuando algunas estructuras pretenden apropiarse de esta fecha mientras se apartan de sus fines esenciales.
Defender a las mujeres exige valentía, verdad y coherencia. Exige hablar claro cuando las leyes fallan, cuando las instituciones se equivocan o cuando la ideología pretende imponerse a la realidad. El futuro de los derechos de las mujeres no puede descansar en eslóganes ni en redes clientelares, sino en principios firmes: libertad, igualdad ante la ley y protección efectiva.
Fuentes empleadas para los datos históricos y jurídicos: Naciones Unidas, Ministerio de Igualdad, Consejo General del Poder Judicial y Ministerio del Interior.

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